MUERTOS EN ACTO DE SERVICIO

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Todas las muertes son tremendas, pero lo son aún más cuando ese fallecimiento se produce en acto de servicio y me duelen especialmente las muertes de compañeros como acaba de ocurrir el el asalto a nuestra embajada en Kabul. He tardado dos días a escribir este pequeño artículo-homenaje porque estaba demasiado indignado el primer día a causa de dos cuestiones: la primera los balbuceos del mismísimo Presidente del Gobierno que, pillado en el transcurso de un mitin o algo así, solo acertó a decir cosas sin sentido como que no había habido heridos, bueno -declaró inmediatamente- uno de poca consideración y que está fuera de peligro. Y aún trataron de engañarnos de nuevo como en el caso del 11M al decir que el ataque no había sido contra nuestra legación diplomática sino contra una casa de huéspedes cercana. La segunda, la propia muerte en sí de los compañeros.

Y es que en España, lo que sobra son pelotas que se limitan a limpiarle la caspa de la chaqueta a los jefes y lo que falta son asesores. Pero he dicho asesores, no aprendices de bruj@ que no tienen la menor idea de terrorismo o de delincuencia, por ejemplo, pero que cobran altísimo sueldos y en algunos casos importantes facturas emitidas por sus empresas con cargo al erario público.

¿Se han dado cuenta, queridos lectores, que en los recientes atentados de Francia la fuente informativa era un Fiscal que iba comunicando lo que se podía comunicar y que no salió ningún político a estirar el cuello o a poner cara de “cuanto lo siento”?. Porque el político de turno tiene que salir a lo que tiene que salir, o sea a dar doctrina política en relación con el asunto pero no puede ni debe descender a dar explicaciones sobre detalles de los atentados aún antes de que se haya hecho ninguna investigación porque suelen meter siempre la pata. Una o las dos. Y si estamos en campaña electoral, para qué contarles….creen que hasta es lícito salirse por la tangente con medias verdades.

Y recuerdo el caso de unos atentados en Londres hace unos años en los que la información lejos de darla el político gobernante o alguno de sus ministros, provenía de tres personajes vestidos de uniforme -con sus condecoraciones y galones correspondientes- que informaban de lo que se podía o se debía informar, más que nada para no dar pistas a los asesinos en esos primeros momentos. Uno era el Jefe de Policía, otro el jefe de Protección Civil y un tercero, el Jefe de las Asistencias Sanitarias. O sea, los que sabían de qué iban las cosas. Exposición, pocas preguntas y punto.

Bueno, amigos lectores. Perdonad la perorata pero es bueno que se sepan las cosas para luego poder juzgar. A los dos compañeros muertos mis respetos. A sus familiares y a todo el Cuerpo Nacional de Policía -que no sé porqué demonios le han cambiado de nombre ahora y se llama o le llaman Policía Nacional- mis condolencias y alguna que otra lágrima. De pena y de rabia. Amén.

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