El infiltrado. Entrega 2. Un obligado cambio de destino.

publicado en: Novelas por entregas | 2

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Héctor Bonmatí, se había vestido aquella mañana con un elegante traje gris marengo para presentarse ante sus nuevos compañeros del Servicio Central de Estupefacientes. Una rayada corbata con tonos amarillos y granates daba al terno y a su portador un distinguido aspecto a pesar del largo cabello que subía con algunos rebeldes rizos sobre el cuello de la americana. Se revolvió ajustándose el pantalón y comprobó por cuarta vez desde que comenzó a andar por el pasillo su reloj de pulsera de estilo deportivo. Por fin llegó al despacho del jefe de la Brigada Central. Iba a llamar cuando se abrió la puerta y se tropezó de bruces con Paco Cervantes, el Comisario Jefe, que le saludo con familiaridad.

-¡Joder que elegante te has puesto, chaval! Pareces un artista de cine. Pasa y siéntate ahí dentro con Manolo Simón, mi segundo de a bordo al que conoces, que vuelvo enseguida. Me ha llamado el gran baranda y no quiero que se mosquee. Se alejó por el pasillo dejando al confundido Bonmatí con un palmo de narices. Afortunadamente, Simón que había escuchado a su jefe salió en su busca.

-¡Me alegro de verte, hombre! Pasa y perdona a Cervantes pero es que cuando le llama el baranda se pone lo mismo que si le hubieran metido una guindilla por la mismísima retaguardia. Anda, siéntate.

-¿Que tal te ha ido este tiempo de atrás con Salino? -preguntó Simón. Tiene fama de duro, pero yo estuve con él en
Barcelona y, aunque le gusta gritar, luego no es nada.

-Pues ya sabe usted que hay gustos para todo. A mi, me parece el mejor policía de España, aunque la verdad es que no conozco a demasiados colegas porque aún soy un pipiolo… -¡Joder con el pipiolo!…Llevas solo un puñado de meses en la «empresa» y ya tienes una Cruz Blanca por méritos. No sé qué más quieres. ¡Ah!… y no me llames de usted, que me haces más viejo. Aquí, todos nos tuteamos.

-De acuerdo y que conste que no me quejo, desde luego. Ahora lo que quiero es empezar pronto el servicio… ¿puede… perdón, puedes adelantarme de qué se trata y qué es lo que tengo que hacer?

-Prefiero que te lo diga Cervantes, pero sé que estamos detrás de algo muy gordo y donde hay gente muy peligrosa. Un cartel colombiano mezclado con mafiosos marselleses y financiado por españoles. Te puedo adelantar eso y nada más.

Justo en ese momento, entró Cervantes en el despacho. Estrechó de nuevo la mano a Bonmatí y se sentó de un saltito en su sillón, tras la mesa llena de papeles y con unos mapas en el centro. Miró fijamente al muchacho.

-Oye, chaval. Como seguramente te joderá eso de que te llamen chaval, quiero que me digas como quieres que te llamemos… ¿por el nombre? ¿Por el apellido? ¿Tienes apodo?…

-Me da lo mismo, pero prefiero que me llaméis Bonmatí.

-Vale, Bonmatí. Vamos a la tasca a tomar un cafelito y te cuento. Tú, Simón, vete encargando en secretaría que hagan los papeles del traslado y te vienes con nosotros para que le pongamos en antecedentes entre los dos. Fue Simón, el primero en tomar la palabra.

-Bueno, chaval…perdona, Bonmatí, por lo que veo estás dispuesto para integrarte en la élite de los «estupas», tal y
como nos comentaste en la Academia de Ávila. Ha pasado un tiempo, te has fogueado con Salino y ahora puede ser el momento,siempre y cuando no te eches para atrás…

-No estaríamos aquí perdiendo el tiempo si así fuera -interrumpió Bonmatí.

-Bueno, está bien, en ese caso te contaremos en lo que estamos metidos en este momento. Ya conoces a algunos de los tipos que metieron a tu chica en el mundo de las drogas y otras cosas peores. Uno de ellos, el que hacía de jefe de la banda en Zaragoza cría malvas desde hace ya varios meses, ya lo sabes. Parece ser que cambió de banda por su cuenta y les dio esquinazo a los kosovares para aliarse con unos calorros de Barcelona. Total, un cabrón menos y su banda desperdigada.

-¿No han seguido con el negocio? -peguntó Bonmatí con cierto tono de extrañeza.

-¡Claro que siguieron! Se pusieron de acuerdo con los kosovares y les volvieron a «entregar» la zona con la condición, eso sí, de que debían garantizar unos mínimos a la organización. Romero «El Mestizo», que era el segundo de tu amiguito Tonino, se encargó de buscar los contactos para la financiación y los encontró… ¡vaya si los encontró! Nada menos que un tipo de Alicante, que trabaja en la zona de Levante y que tiene unas perfectas tapaderas en forma de fábricas de muebles, distribuidoras de electrodomésticos… y no se cuantas cosas más. Y es socio además de unos catalanes metidos en el ahora ruinoso negocio de la confección pero que tenían buenos ahorros. En este momento, mueven casi toda la coca que se distribuye en Levante y parte en Aragón, lo que tiene más que cabreados a los del cartel. Pero lo peor es que se han crecido y quieren hacerse con el mercado de Barcelona. Y eso lo van a tener jodido pero lo van a intentar porque me ha contado un contacto que se mueve en el mundo del tráfi co de armas que la banda ha contratado a unos marselleses y los han armado hasta los dientes.

-¡La cosa pinta mal! -intervino Simón. Es bueno que sepas que en Cataluña mandan los clanes gitanos, aliados desde siempre con los gallegos y, por lo tanto, directamente con los carteles de Colombia y más concretamente en este caso con el de Cali. Y esos no se van a dejar comer el terreno. Estamos seguros que va a correr la sangre, pero tenemos que conocer los detalles para darles carrete, dejar que actúen y pillarlos en el momento oportuno. Y si de paso se limpian entre ellos, pues no seré yo el que vaya a echar a llorar…

-Para que luego digan eso de que «los ladrones somos gente honrada»… -intervino Bonmatí- ¿Qué es lo que tengo que saber? ¿A quién me tengo que pegar como una lapa? ¿Como voy a contactar con esa panda de hijos de puta?…

-¡Vale chaval, vale! -interrumpió Cervantes. Te daremos todos los datos que necesitas, una papela chunga con el nombre que quieras y los datos que te dé la gana; te haremos un dossier con todos los nombres, los apodos y los caretos de los que conocemos de la banda y por último te proporcionaremos un modo de entrar en contacto con ellos, un confi te de la zona que nos debe su vida y la de su familia porque es el amenazado dueño de un tugurio. Se llama Félix y lo conozco desde Barcelona, mejor dicho, lo conocemos porque fue nuestro confite en Barcelona, mío y de mi colega Esperanzo Salino, al que creo que conoces ¿no? Trataron de volar su coche con todos sus churumbeles dentro, unos tipos a los que se negó a pagar el «rack», o sea, la protección. Nos enteramos a tiempo, detuvimos a los tipos y desactivamos el pepino con ayuda de los chicos del Tedax. O sea, que lo que le pidamos. Tuvo que cambiar de aires y ahora tiene un chiringuito de lujo en Valencia que consiguió con nuestra ayuda. Y él nos sigue ayudando y estamos al loro de lo que ocurre en la zona. Durante más de una hora, Bonmatí permaneció impasible escuchando a aquellos dos experimentados policías, dos de los puntales de la lucha contra el narcotráfi co, no sólo en España, sino en Europa.

Tres días después, ya en posesión de instrucciones concretas, decidió que era el momento de emprender la marcha. Para ello, alquiló un coche y pagó con una tarjeta de crédito, una Visa a nombre de Néstor Almonte Pérez, su nueva identidad. No se había despedido de nadie. A sus padres, les dijo que le habían encomendado una misión de seguridad en una embajada en el extranjero y se negó a dar más datos aludiendo al «secreto profesional». No quería que hubiera fugas de información porque había una cosa cierta: se iba a jugar la vida.

 

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2 Respuestas

  1. ANTONIO DEL CAZ

    Me encanta, ya estoy con ganas de conocer los avatares de Bonmati y su nueva identidad.
    Un abrazo genio

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