Chorizos de altos vuelos en el casino

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La despenalización de los juegos de azar, hizo que en los años 70 del siglo pasado florecieran las salas de bingo, los casinos, las máquinas tragaperras y en general todos aquellos juegos que habían estado prohibidos durante años. Al mismo tiempo los tramposos de media Europa vieron una oportunidad única para comenzar sus actividades en nuestro país.
Una de las bandas mas conocidas por su habilidad para trucar ruletas de juego era la del ingeniero Granek.
Este jugador de origen polaco, afincado en Alemania, había ideado un sistema para trucar las ruletas francesas, de tal manera que el porcentaje de beneficio, que estas máquinas dejan normalmente al Casino se volvía a favor del jugador. Los casinos europeos del sur de Francia, Reino Unido, Alemania, Suiza y otros países conocían bien la técnica de Granek y por ello tenía prohibida la entrada en numerosos establecimientos de juego.
En el casino Castillo de Perelada esta banda apareció allá por el año 1.982 y pronto estableció contactos con jugadores locales y de Lloret de Mar, donde funcionaba un casino a pleno rendimiento.
Por razones estratégicas y operativas, eligieron el primero de ellos, el de Perelada donde ya habían conseguido la colaboración de uno de sus empleados que jugaría un papel decisivo en la operación que habían diseñado. Sin embargo no contaron con la intervención de la Brigada Especial del Juego del Cuerpo Superior de Policía que a la postre daría al traste con sus planes.
En el verano de mil novecientos ochenta y dos hicieron su entrada en el Casino Castillo de Perelada a bordo de un lujoso automóvil. Pidieron hablar con el Director del Casino y le dijeron que eran jugadores que les gustaba apostar muy fuerte y querían una sala privada, donde las apuestas fueran las máximas permitidas. El Director les respondió que ese día no era posible abrir la sala privada por falta de personal, pero que si volvían al día siguiente todo estaria preparado para jugar.

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UNOS CUANTOS CHORIZOS

Contrariados por la negativa abandonaron el local prometiendo que al dia siguiente estarían allí a primera hora.
En efecto, la banda casi en pleno, apareció puntualmente y una vez montada la mesa con su correspondiente anticipo y dispuesto el equipo de croupiers dio comienzo la partida. Desde el primer momento comenzaron a apostar por el máximo permitido en la seisena 18-24. El jugador que hacía las apuestas era casi siempre el mismo, el alemán Carl Weber, pero también participaron otros como Winkelhofer y el propio Granek.
El resultado, al principio era alterno unas veces ganaban y otras perdían, pero a medida que giraba la ruleta la suerte poco a poco se iba inclinando del lado de los extranjeros.
La expectación era máxima, las fichas se amontonaban junto a los jugadores, para desesperación del Director del Casino y el jolgorio de los espectadores que ya eran muchos atraídos por el espectáculo. Cada vez que la bola caía en uno de los números “de la suerte” se oían oles en toda la mesa. Otros jugadores ajenos a la banda también se habían animado y apostaban su dinero a los mismos números que Weber y sus amigos.
A las tres de la madrugada la cantidad ganada por estos rebasaba ampliamente los 22 millones de pesetas y mas o menos a esa hora decidieron dejar de jugar y recoger sus ganancias. Pero para entonces ya había llegado a Perelada procedente del Casino de Sitges, el Inspector Jefe de la Brigada Especial del Juego que había sido alertado por el Inspector de Perelada.
Como medida preventiva ordenó a la Caja del Casino, que retuviera las ganancias a aquellos individuos y se les extendiera un recibo por el importe íntegro de lo ganado. Al dia siguiente se les prometió que cobrarían su dinero.
Pero para el dia siguiente faltaban muchas horas. Los técnicos de la Brigada Especial del Juego, desmontaron cuidadosamente la ruleta y la examinaron a fondo. Descubrieron que los números que forman la seisena 18-24 habían sido manipulados y los tabiques que separan cada uno de estos números aflojados.
Un vez hechas estas comprobaciones, colocaron la sordina en su sitio, precintaron la ruleta, instruyeron las correspondientes diligencias y con el Acta de Precinto las remitieron al Juez de Guardia de Figueras, quien a la mañana siguiente ya en el Casino presenció una demostración práctica acerca de la eficacia del sistema Granek.
Este último no volvió a aparecer por el Casino, huyó de España por la frontera francesa próxima a Figueras.
Por su parte Weber llegó al casino a media tarde del dia siguiente con la pretensión de cobrar su cheque.
El sistema empleado en Perelada era exactamente el mismo que habían puesto en práctica en otros casinos de juego y consiste en aflojar los tornillos que sujetan los tabiques de separación de los números que forman la seisena 18-24. Estos números están situados en la ruleta en una posición estratégica para los planes de Granek. Cuando, la bola lanzada por el croupier choca contra uno de estos tabiques o separadores, al estar flojos no la rechazan, no se produce el efecto rebote, sino que amortiguan su velocidad y mansamente se aloja en el número previsto.
Como es lógico esto no ocurre siempre así, pero existen grandes probabilidades de que ocurra y son esas probabilidades con las que juegan Granek y sus socios.
Por ello juegan al máximo permitido, la mayor cantidad de tiempo posible, generalmente desde la apertura hasta el cierre del Casino y siempre a la seisena 18-24, previamente trucada, como hemos visto.
Pero, para que una operación como esta pueda ser preparada con la minuciosidad que requiere, es necesario contar con un empleado que facilite la entrada a la sala donde se encuentra la ruleta o ruletas con el máximo de apuestas permitido y que lo haga a una hora donde no haya nadie en el Casino. Esto no es difícil de conseguir ya que siempre hay algún empleado descontento deseoso de perjudicar al Casino.
Por supuesto Weber no cobro ni un céntimo y fue detenido y puesto a disposición judicial. Varios años mas tarde fue juzgado y condenado. Pero Weber era solo un hombre de paja un tonto útil contratado para jugar. De Granek y el resto de la banda no volvió a saberse nada

CARLOS ROMAN. Comisario del Cuerpo Nacional de Policía. Ex Jefe de Inspección de la Brigada Especial del juego de la Policía. Ex Jefe de Seguridad de Renfe.

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