Abuelos de ida y vuelta: de la resi a casa

 

Hubo una serie de años –aquellos en los que según decían algunos, España iba bien- en los que los abuelos parecían estorbar en la casa de los familiares. Modas llegadas de allende los mares o las montañas nos metieron en el coco que la vida había que vivirla y que tenían los ciudadanos derecho a soltar lastre. Es decir, a desprenderse de sus mayores, esos abuelos “cebolleta” que creen saberlo todo y que duermen poco, comen mucho y, a veces, regulan con dificultad sus esfínteres en el mejor de los casos. Y surgieron como setas las RESIDENCIAS, esos lugares con más o menos pretensiones -lo de los lujos en su caso es una patraña por lo general- en los que uno aparcaba al abuelo/a y se lavaba la mala conciencia ya que estaba “de lujo” y pagando por lo general una pasta gansa, muchas veces superior a 2.500 euros el mes, dinero que por lo común aportaba el “residente” a base de entregar su pensión y parte de esos ahorros de toda una vida.

Pero llegó la crisis. Y la crisis ha traído como consecuencia según un estudio sesudo, algo que usted y yo ya sabíamos. Muchos hogares en los que una parte de los familiares estaba en paro se apresuró a sacar de ese sitio “de lujo” al pobre abuelo para vivir la familia con esos 2.500 del ala. Y el abuelo muchas veces pasó de descansar en su cama para él solo a dormir de prestado en alguna habitación con nieto o biznieto incorporado y a sufrir lo que no está en los escritos para retener los malditos gases nocturnos, las micciones y las deposiciones para que no se enterara el acompañante. O sea, para no molestar.

Ahora, las residencias están de capa caída, al menos las privadas en las que sobran plazas y faltan ingresos lo que conlleva contratar a personal completamente lego en la materia que cuida con más voluntad que acierto a los mayores a su cargo.

Sea como sea, los abuelos nos hemos convertido en un bote salvavidas para muchas familias que subsisten gracias a la generosidad de los “cebolletas” de turno a los que ahora parece que quieren de otra forma. Como se dice en mi tierra. ”por el interés te quiero Andrés”.

Dejar una opinión